start » de en es fr    >> back

Maximiliano Kosteki y Dario Santillan

by www.labrumaria.com.ar - 08.07.2006 15:13


A 4 años de los asesinatos de Maximiliano Kosteki y Darío Santillán

Dossier 26 de Junio de 2002 - 2006
 



voces, notas, opiniones y algunas hipótesis para seguir pensando,
criticando, luchando

Editorial

La verdad de las representaciones y la representación de la verdad

Alguna vez un teórico de la antropología escribió algo así como que
los verosímiles determinan las realidades sociales. Así, lo que sucedió en
una época, y de lo cual quedan pruebas, puede ser tan real como aquello que la mayoría de la gente pensaba y sentía como verdadero.

El asesinato de Darío y Maxi fue real y completamente verificable.
Pero sus causas se remontan a la circulación de un discurso, un verosímil,
un mito. Aquel que en un primer momento permitió que la mayoría de los
televidentes creyeran que "se mataron entre
ellos".

Cierto sentido común profundamente arraigado había autorizado que la primera hipótesis de los medios resultara completamente creíble par aun gran número de personas.

De no haber existido las famosas fotos, probablemente la historia
hubiese sido otra: los piqueteros (esos violentos irracionales) se hubiesen matado entre ellos y la policía habría actuado como simple mediadora, guardián del orden, la seguridad y la paz social. A partir de la publicación del material fotográfico, que mostraba a Fanchiotti en posición de tiro frente a Darío Santillán, la versión inicial resultó insostenible, pero fue reemplazada por una igualmente falaz: la del comisario psicópata que emprendió por cuenta propia una cacería humana a espaldas de sus superiores.
Así, el hecho quedó aislado de sus causas estructurales: la intención del
gobierno de Duhalde de avanzar en la reconstrucción de la legitimidad del
Estado, separar los piquetes de las cacerolas, y demonizar (aniquilando)
aquello que molestaba y que no debía ser representado: el cuerpo
popular.

Cortar el puente no era un simple método para obtener un reclamo
puntual. Era una demostración de fuerza, una pulseada, y también una lucha
por la legitimidad, por el derecho a manifestarse, es decir, a volverse
manifiesto, visible y reconocible como sujeto. El Estado, por su parte, no
estaba dispuesto a perder esa pelea.

Hubo un antes y un después del 26 de junio de 2002. El movimiento
piquetero ha sufrido las consecuencias. Pero el espacio público sigue siendo hoy una arena de lucha. La batalla por la legitimidad ha entrado en una nueva fase con el Gobierno de Kirchner, quién a través de un falso verosímil de progreso, instala un discurso para clases medias en el cual los sectores populares han sido borrados de la representación, son un fantasma.inacabado de disputa por la verdad de las representaciones y por la representación de la verdad, lo que siguen son voces, notas, opiniones y algunas hipótesis para seguir pensando, criticando, luchando.

Sumario del Dossier

» Una piedra en el camino: el homenaje a Darío y Maxi en las pantallas de TV

A diferencia del 24 de marzo, la conmemoración de Darío y Maxi el
pasado 26 de junio pareció no ameritar la atención de los medios. El único
lugar que recibió en las pantallas de TV fue el de "acto que obstaculiza el tránsito". Circulación, velocidad, fluidez parecen ser las claves del
funcionamiento mediático. Todo lo que interfiere en el camino,
molesta.

» Esos con rostros cubiertos y palos

Tres relatos, tres voces, tres versiones sobre un mismo acontecimiento acercan una pluralidad de miradas que debemos considerar. ¿Cuánto tiene que ver los grandes medios con estas
miradas?

» Crisis ¿qué crisis?

A casi cinco años del 2001 y a cuatro de la masacre de avellaneda,
Kirchner visita España y reflota el tema del aumento de tarifas. El
reconocimiento internacional de que la Argentina "ya paso lo peor" va de la mano de seguir pagando. Mientras tanto los reclamos de hace cuatro años
siguen aún vivos y hacen frente a un discurso que pretende
ocultarlos.

» El veintisiete - cuento de Leonardo Novak

La luz de la vela le cortaba la cara a mi viejo, le resaltaba el lado izquierdo y le tapaba el derecho, me decía qué tenía que ver y qué no. El lado izquierdo se lo podía ver, el derecho no. La vela estaba en una bola de vidrio con un agujero para que alguien la metiera donde estaba, ahí adentro, arriba de unas piedras blancas que parecían sal gruesa. Había muchas velas, en muchas mesas del lugar. Todas hacían una sola luz, una luz que no quería alumbrar, bajita, despacio. Era una luz a la que alguien le dijo que ya no hacía falta iluminar, resaltar acá o allá, mostrar o tapar. Ahí todos éramos iguales. Ahí todos éramos mejores.


>> ADD EXTRA INFORMATION

ADDITIONAL INFORMATION